La tarde del 18 de mayo de 2026 quedará inscrita en la memoria musical y sentimental de Barcelona y también en el recuerdo de quienes, representando a la Asociación «Marcos Durán» de Garrovillas, asistimos al concierto inaugural del órgano que lleva el nombre de Monserrat Torrent. Quienes acudimos al Oratorio de San Felipe Neri, en el Barrio Gótico de Barcelona, lo hicimos con una enorme expectación: presencial un acontecimiento que raras veces ocurre en el mundo actual: asistir al primer sonido de un órgano nuevo, largamente soñado, vinculado para siempre al nombre de Monserrat Torrent, decana de los organistas europeos y figura esencial de la música española del último siglo.

No era una inauguración cualquiera. Era la culminación de una historia de casi sesenta años, el cumplimiento de una aspiración artística y vital que comenzó en 1967, cuando el maestro organero Gabriel Blancafort inició la construcción de este instrumento en su taller, alentado y sostenido por el entusiasmo y las aportaciones personales de la propia Monserrat Torrent. Ninguno de los artesanos que iniciaron aquella aventura viven en la actualidad. Vive -¡y con qué fortaleza y vitalidad!- la impulsora de aquel sueño, la «dama del órgano», de cuyas manos salieron los primeros acordes de esa maquinaria extraordinariamente integrada por 3.454 tubos, tres teclados manuales más un teclado de pedal. Las dificultades económicas obligaron durante décadas a interrumpir el proyecto, hasta que, ya en tiempos recientes, la creación de la Fundación Monserrat Torrent y el apoyo de instituciones como la Generalitat de Catalunya, el Ayuntamiento de Barcelona y la Fundación «la Caixa» hicieron  posible reactivar definitivamente la construcción. La obra fue culminada por Albert Blancafort, hijo del histórico maestro organero, junto a un amplio equipo de especialistas: constructores de secretos y mecánicas, carpinteros, armonistas y artesanos responsables de los miles de tubos que conforman este extraordinario instrumento, llamado a convertirse en uno de los grandes órganos modernos construidos en Europa en las últimas décadas.

La solemnidad del acto estuvo a la altura del acontecimiento. El templo de San Felipe Neri acogió a las principales autoridades catalanas, encabezadas por el presidente de la Generalitat y el alcalde de Barcelona, acompañados por consejeros, concejales y numerosas personalidades del ámbito cultural y musical. La gran representación de la vida intelectual y artística catalana quiso rendir homenaje a la mujer que, con cien años de vida, ha consagrado toda una existencia a la música de órgano.

Entre los asistentes se encontraba también una representación de la Asociación Cultural Domingo Marcos Durán, que recibió en todo momento un trato especialmente cordial y preferente por parte de la organización del centenario y de los responsables del acto inaugural. No era para menos: la relación de Monserrat Torrent con el órgano histórico de Garrovillas de Alconétar constituye uno de los vínculos emocionales y musicales más profundos de su trayectoria.

Pero el instante verdaderamente histórico llegó alrededor de las siete y cuarto de la tarde. El silencio del oratorio se hizo absoluto. Entonces, por obra y gracia de las manos de la propia Monserrat Torrent, el nuevo órgano comenzó a sonar por primera vez. La organista interpretó una obra de Francisco Correa de Arauxo, y aquellas primeras notas tuvieron algo de reparación histórica y de victoria de la memoria sobre el tiempo.

Porque este órgano nace también como respuesta al vacío dejado por la destrucción del antiguo instrumento del templo, desaparecido junto a buena parte del Oratorio de San Felipe Neri durante el bombardeo de la aviación italiana sobre el Barrio Gótico de Barcelona en 1938, tragedia en la que murieron cuarenta y dos personas, muchos de ellos niños. La música que comenzó a escucharse aquella tarde parecía devolver la vida a un espacio marcado por el dolor de la historia.

Tras la intervención inicial de Montserrat Torrent, fueron sucediéndose algunos de los organistas más prestigiosos del panorama actual: Juan de la Rubia, Ignacio Ribas, Saskia Roures y Joan Seguí, que interpretaron obras de Johann Sebastian Bach, del propio Correa de Arauxo y de autores contemporáneos, mostrando la inmensa riqueza tímbrica y expresiva del nuevo instrumento. Y el concierto terminó como había comenzado: con la intervención de Montserrat Torrent, auténtico corazón espiritual de la jornada.

Hubo discursos, reconocimientos y emociones compartidas, pero por encima de todo destacaba la felicidad serena que irradiaba la propia homenajeada. A sus cien años, Montserrat Torrent transmitía cercanía, amistad y una inmensa gratitud. La delegación garrovillana tuvo ocasión de conversar con ella durante algunos momentos especialmente entrañables. Allí manifestó de nuevo su deseo de regresar a Garrovillas. Incluso alguien de su entorno comentó emocionadamente que la maestra mantenía dos grandes ilusiones pendientes: volver a Italia para ofrecer un concierto aplazado y regresar a Garrovillas de Alconétar, tierra y órgano a los que continúa profundamente unida.

Aquella tarde en Barcelona no solo se inauguró un órgano. Se cerró un ciclo histórico iniciado hace casi seis décadas; se rindió homenaje a toda una vida dedicada a la música; y se devolvió la voz a un templo herido por la guerra. Desde ahora, el órgano Montserrat Torrent protagonizará buena parte de la vida musical catalana y barcelonesa. Y quienes tuvimos el privilegio de escucharlo por primera vez difícilmente podremos olvidar el instante en que el silencio secular de San Felipe Neri volvió a transformarse en música. jjbb