Unos días antes de la llegada a Garrovillas, Montserrat Torrent nos envió unos textos de saludo a los garrovillanos y de reflexión sobre el momento que ella vive en su centenario que, juntos, conforman un himno a la vida y a la amistad. Estos textos, debidamente impresos, los organizadores del concierto del domingo 20 de septiembre, una fecha inolvidable, los distribuyeron a los asistentes. Son textos memorables, es decir para no olvidarlos. Son el testamento artístico de una personalidad inolvidable.

“Me atrae volver a Garrovillas por dos motivos muy importantes para mí: el atractivo humano y el atractivo artístico. El humano, porque tengo ocasión de volver a ver a unos amigos a los que siento de verdad como personas estupendas con las que me siento realmente a gusto. Artísticamente, no pudo decir más que el órgano de Garrovillas, según tengo entendido, es el más antiguo de España; ha sido restaurado sí, pero no ha sido adulterado. Conserva sus propiedades genuinas. Tiene una sonoridad preciosa. La primera vez que toqué allí, gocé del órgano pero estaba muy triste; había muerto mi hermana hacía pocos días; disfruté, pero sin aquel gozo que sentí unos años más tarde cuando fui allí para impartir un poquito de lecciones a los alumnos de Miguel del Barco Díaz.
Quiero volver ahora a disfrutar plenamente de su sonoridad. Ya no me queda tanto tiempo para tener estos gustos tan especiales. Quiero aprovecharlo y Dios me lo permite aún. Quiero disfrutar una vez más de este órgano de Garrovillas y quedarme con su sonoridad como recuerdo eternamente, tanto en mi cerebro como en mi corazón” (Montserrat Torrent)

(*) Montserrat Torrent, la gran decana de los organistas españoles, interpretó en tres ocasiones en el órgano renacentista de Santa María de la consolación, en 2022, 2024 y en este año 2026 en el que, el día 17 de abril, cumplió 100 años MIS MANOS HAN SEMBRADO…

“Mi voz no es la misma de aquel ayer; el cuerpo me avisa que ya no hay prisa. Disfruto del amanecer y miro el camino que no volverá. Mis manos cansadas han sembrado y andado, han curado heridas, han tendido un perdón y en cada arruga que el tiempo ha pintado hay un libro de vida en mí. La vejez no es el final, es solo un cambio; es la cosecha de lo que se ha sembrado. No hay rencor en mi alma, no hay reclamo, solo el orgullo de haber amado y luchado; es la paz de saber que lo que he sido ha dejado una huella que no morirá. Soy la suma de cada paso que he vivido. Ya no me desvela la gloria que busqué ni las promesas que no pude cumplir. Un abrazo sentido de mi público vale más que toda la riqueza que pude adquirir. Mis viejos fantasmas se fueron con el tiempo; la pena que un día me hizo tropezar hoy la cura el sol, la brisa, el viento y el silencio que me invita a reflexionar. Es así que, con mis ganas y mi andar, mi alma se prepara para descansar.

La vejez llega lentamente, se instalará en el espejo, inevitable y serena, a la vuelta de cualquier esquina. No son solo arrugas y caminar más despacio, es aprender a perder sin volverse una persona amarga y darle valor al silencio cuando ya gritaste demasiado. Pero hay principios que nunca los envejece el tiempo, que me quitó cosas, pero me dejó experiencia. Hay que cruzar muchas noches sin apagar el honor. Llegar a viejo no es una suerte, es resistir con valor; es no vender el alma aunque apriete el corazón. Ya no persigo el aplauso.

Quizás tendríamos que tener presente que todos llevamos un viejo encima”. (Montserrat Torrent)